miércoles, 2 de julio de 2008

"Catupecu Machu se presentó anoche en el Ópera" (Telam)



Con un show intenso, desbordado y emocionante, la banda encabezada por Fernando Ruiz Díaz, cerró anoche una serie de shows íntimos y conceptuales en ese teatro donde continuó presentando en cuatro actos "Laberintos entre aristas y dialectos".

Las anécdotas, los invitados, los agradecimientos y un cierto dejo de melancolía aportaron colores a las tres horas de un recital, en el que Ruiz Díaz junto a Macabre, Herrlein y Sebastián Cáceres, volvieron a mostrar su cara más profunda sin abandonar la potencia que los caracteriza.

Entre referencias a su hermano Gabriel, a su madre Dominga, a quien el cantante, bajista y guitarrista definió como "la persona 'más' del planeta, una santa de Dios", elogios hacia los músicos que lo acompañaron en este ciclo (que volvió a incluir un cuarteto de cuerdas y flauta traversa) y a los colegas-amigos que conoció a lo largo de su carrera, transcurrió una intensa noche.

"Estos cuatro Opera de amor son para Gaby", fue la frase que llegó al público y que sobrevoló durante todo el show dividido en "Los Cuadros", "El viaje", "La batalla" y "El lugar", cuatro actos en que la banda pasó de lo acústico a un sonido puramente eléctrico, de pasajes instrumentales al grito de la bella melodía de "Viaje de miedo" sin alterar su peculiar universo musical.

Fabián von Quintiero en el bajo (Ratones Paranoicos), Leonardo De Cecco en batería (Attaque 77) y el cantante Wallas y el guitarrista Pablo M (Massacre) se sumaron en el último acto "El lugar", para doblar el bajo y la batería en "Preludio al filo en el umbral" y abordar la excelente versión de "Plan B: anhelo de satisfacción".

"Los cuadros" reproduce casi con absoluta fidelidad el segundo disco "Registro de la materia en concierto" (grabado en vivo 2005, con Gabriel), "El viaje" ahonda en su faceta más experimental donde se cruzan el caos y un atmósfera ritual, mientras "La batalla" es el acto más breve e íntimo.

Javier Weintraub en violín, Gabriela Conti en flauta travesera, Elizabeth Ridolfi en viola, María Eugenia Castro, chelo, Pichu Serniotti en guitarra, fueron parte de esta serie de presentaciones en las que el grupo afianza su espíritu mutante y en constante ebullición.

El público jugó un papel pasivo y se dejó atrapar por la avasallante energía de Catupecu Machu que se hizo carne un Fernando Ruiz Díaz verborrágico, apasionado, agradecido, emocionado, tan desmedido y extremo como la música que se aferró para mantener siempre la llama encendida.

Fuente: Telam

Saludos!
((cjay))

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