miércoles, 25 de junio de 2008

"Los laberintos sonoros de Catupecu" (Nota Rock.com.ar)






Este jueves comenzó la presentación de “Laberintos…”, el último disco de Catupecu Machu, con cuatro fechas en el Teatro Opera.

Los cuadros. El viaje. La batalla. El lugar: Así se llama esta obra conceptual dividida en cuatro actos, a punto de estallar en el microcosmos del Teatro.

Pasadas las 21 y con ningún lugar vacío, la sala se ilumina, lento, y se disparan los primeros sonidos. Y hay violín, chelo, sampler, bajos, guitarras, baterías y un cajón peruano. Toda una mole de instrumentos perfectamente ubicados.

Y vamos recibiendo audio por todas partes. Entrelazados, pero sin mezclas. Conviviendo hermosamente.

Fernando, Macabre, Cáceres y Herrlein. Ridolfi, Castro, Conti y Weintraub. Juntos en el escenario como una bomba de tiempo inverso. Mandando hacia fuera cientos de astros y acordes. Contando para adentro. Largando todo el aire. Una puerta hacia una creciente densidad.

Y siempre te preguntás con qué canción comenzarán (y apostás con el que tenés al lado). Y fue “Vistiendo” el umbral de toda esta noche. La primera imagen que recibimos. Y recién entonces empezamos a entender de qué iba a tratarse todo este gran experimento sonoro.



Cuadros dentro de cuadros. Nosotros adentro de todo. Sintiendo las vibras desde el suelo que está apunto de abrirse. Endemoniadas canciones fílmicas como una luna negra o como escribir en la oscuridad.

Un golpe. Otro. Y Herrlein que está por todos lados. Grandes esperanzas y cuentos decapitados. Un pasaje a lo que fue y sigue naciendo siempre.

Lo simple de ser y estar ahí y que sólo exista música en ellos y en nosotros. Lo extremo.

Cada acto se divide con un segundo y un telón. Una imagen en sepia y un nombre que no nombra, sino que hace. Crea. Y entonces ¿Es un cine? ¿Un teatro? ¿Un mensaje pasado rescribiéndose? O ¿Un relato activando todo el universo en un momento audible?

Una pantalla permite la magia de hacer coincidir los dedos de Fernando entre el video y lo real. Los mismos punteos. Un mismo tiempo. Dos dimensiones. La imperfección del Viaje del miedo. La luz que se hace sobre él como un ritual esbelto y perverso, a la vez. Con rojas telas en movimiento. Laberintos y dialectos cuando empieza y acaba el fin. Como gritar debajo del agua o ver una foto en blanco y negro.

Se van pero vuelven. Y cada vez sentimos más. Y sube Serniotti, Zeta Bossio y Quintiero. Y los siguen Wallas y Pablo. Y todo crece tan extremo y con tanto filo que podemos cortar el aire con un bemol. Y solo saldrá música y más música. Y derrumbarán todas las paredes de adentro. Las más fuertes.

Y esto ya no es un teatro. Es como una gran bomba audible explotando por segundo. Y volviendo a fabricarse para volver a estallar. Para saltar bien alto y deformarse hasta abrazar todo.

Y para terminar la noche, nada mejor que Opus: “Un cielo que abraza el corazón del momento, volviendo a este encuentro tal cual lo imaginé”. Perverso, encendido y maravilloso final.

NOTA: Mariela Blanco
FUENTE: Rock.com.ar

Saludos!
((cjay))

2 comentarios:

bar dijo...

pareciera como si ella fuera tan fanatica como los qe estuvimos esa 1º noche en el opera.no existen mejores palabras que las qe uso para describir todo el show de los catupecu.muy buena nota

Carlita Online dijo...

RElinda la nota que subiste, te la robo y lo subo a mi blog
Besos