sábado, 29 de marzo de 2008

''El amor después del dolor'' - Diario Los Andes

Fernando



Esta noche, Catupecu revisita Mendoza para sumarse al aniversario del estadio El Santo. En esta entrevista, Fernando Ruiz Díaz detalla cómo superaron el temblor de la tragedia. “La música es lo que me sostiene”, dice.


"Té con miel”, pide Fernando Ruiz Díaz, cuando llega al bar del hotel, y si no supiéramos que ésa es la voz de Catupecu Machu, podría pasar como un artista visual, con look geométrico, oscuro y ajustadísimo. “Es que anoche estuvimos en los Premios Gardel y enseguida salimos para acá”, advierte. Eso, porque la banda va a tocar esta noche, subiéndose al aniversario de El Santo.

Nada, pero nada, delata esa resaca. De hecho, pone una sonrisa cada dos minutos, recuerda lo bien que la pasa en Mendoza y al rato relaja: “Es la vida que elegimos, ¿no?”. Pero apenas salta el tema de vivir al palo, de quemar el tiempo, brilla el detalle al borde de la mano: “Ah, el reloj... es que me fascina esa fantasía del hombre, eso de crear esta ‘maquinita del tiempo’, capaz de medir algo tan abstracto como una hora. ¿qué es una hora?”. Un borgeano.
El viaje musical de Fernando comenzó a los 8 años, cuando el padre le regaló su primera guitarra. Junto a Gabriel, su hermano, fogueó esa banda que lo colocó como héroe de escenario, inspirando respeto por la potencia que despliega en el vivo y por los sonidos que arranca de su garganta...

- ¿De dónde sacás tanta energía?

- Creo que es algo un poco inconsciente. Quizá si lo pensara, no saldría. A lo mejor, tenga que ver con el temperamento: en mi familia hay ancestros vascos, piamonteses e indígenas.
-Mmm, de ahí lo tribal, el grito de guerra, la arenga...

- Descubrí que tengo una tatarabuela toba que vivió más de cien años, fumando en pipa y tomando una bebida fuerte, qué sé yo, ¿Grapa?

Mientras la miel va bajando, la conversación se profundiza.

-¿Cuál es la versión 2008 de Catupecu?

- Es la que viene de “Laberintos”, por el recorrido de su ruta. Aunque ya estamos poniendo la cabeza en algo nuevo. Pensá que cuando un disco sale, para nosotros ya es el pasado.
El último material discográfico de la banda (“Laberintos entre aristas y dialectos”, 2007) está pensado como un disco conceptual, dividido en capítulos. El I, “Tratado de la materia en estudio”, contiene reversiones de varios temas y tres canciones nuevas: “Viaje del miedo”, “Dialecto” y “Foto en blanco y negro”. En el II está el material que grabaron en un show en vivo, en 2005.

- ¿Cómo fue percibida la experiencia del Catupecu acústico?

- Nosotros decimos que es un disco “color madera”. Fue una experiencia especial: grabamos ese acústico en una radio frente a 40 personas; todos eran arreglos de Gabriel.

Pasa otro trago de té y el tema empieza a fluir. El accidente de Gaby junto a César Andino, el hospital, el shock y una recuperación lenta que también lo trajo a Mendoza por una operación.
- El día del accidente ¿pensaste en desenchufarlo todo?

- Hicimos todo un replanteo. Ese mismo viernes le dije a Gaby: “Si te tenés que ir andate, si te querés quedar quedate. ¿Quién querés que te suceda?...” Porque Catupecu no podía parar; es como si tuvieras que dejar de respirar. Creo en ese pensamiento oriental: “No te vas a ir de este mundo ni un minuto antes, ni uno después”.

Por momentos, Fernando se desdobla y describe ideas, arreglos y planes de la banda como los hubiera pensado su hermano. “Realmente él sigue estando en Catupecu, digamos, de otra manera”.

-¿Cómo es el proceso compositivo ahora?

-Por lo general yo hago las letras y después vamos componiendo en ese laboratorio que es el estudio. Es que todos son grandes músicos: Macabre, Sebastián Cáceres, Javier Hertlein. Catupecu es una banda de amigos, de hermanos elegidos.

Hacer canciones

“No siempre se compone en un estado ideal; a veces se compone en la resaca. No sólo la resaca de la noche sino la del aturdimiento o la del stress. Magia Veneno, por ejemplo, salió de ahí”. La historia de “A veces vuelvo” es distinta: “Esa canción salió de un viaje a Santa Fe: estaba en la casa de unos amigos y empecé a tocar la melodía en la guitarra. Entonces Música (así se llamaba la nena de la casa) empezó a bailar. Cuestiones de atmósfera y magia”.

Pero los temas nuevos de Laberinto vinieron enroscados con el dolor, la percepción de otra arquitectura -emocional, estética- y esa influencia que se vuelve visceral en Catupecu: puro expresionismo alemán mezclado con rock nativo.
“Cuando grabé los bajos de Viaje del miedo, miraba las imágenes de Metrópolis, sus estructuras”. Es algo que suelen hacer los Catupecu: inspirarse en otros dialectos del arte para sonar así, tan contundentes. Fernando es un apasionado del art decó y le fascinan las películas del cine alemán. “En el estudio, cada uno arma su pequeño altar: Macabre, por ejemplo, en vez de partituras pone en el teclado un libro de Giger, el dibujante de Alien”. Y hay fetiches: “Tengo una colección de muñecos: una María (el personaje de Metrópolis), un Edgar Allan Poe y un Hellboy de medio metro”.
A su vez, cada gira, cada viaje, tiene su soundtrack.
-¿Qué estás escuchando ahora?
-Bueno, voy re escuchando. Ahora estoy con Cat Power (me gusta mucho esa canción “I Found a Reason”, que es un cover de Lou Reed), Draco Rosa (“Draco Rosa y el teatro del absurdo” es genial) y “Lucha de gigantes” la canción de Nacha pop que está integrada al film Amores Perros.
Como en esa película, la realidad nos entra de golpe. Llega la noticia de los saqueos en los supermercados locales y los arrestos.
-¿Creés que la música puede modificar algo?
-Ése es el ideal de mucha gente, ¿no? En realidad, el mundo cambia todo el tiempo, la naturaleza cambia, las personas cambian. ¡Qué sé yo! La música te puede hacer mejor, te volvés mejor. A mí me sostiene.

Fuente: Diario La Voz

Saludos!
Zurdo/((cjay))

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