miércoles, 13 de febrero de 2008

Fernando Ruiz Díaz: "Me gustaría que mi hermano ya estuviera a mi lado"



¿Es el "momento Catupecu"? Después de la muerte de su padre, del accidente de su hermano Gabriel, de la aparición de un nuevo bajista y de los cuatro Gran Rex llenos, el líder del cuarteto se muestra optimista y vital. Más cerca de lo acústico y del tango que antes, reconoce que es un "ingeniero frustrado". Aquí vuelve a hablar de su hermano que está recuperándose lentamente, al punto de escuchar y opinar sobre la música de la banda.


Se dijo algunas veces antes: "Este es el momento Catupecu". Sin embargo, ahora más que nunca, los hechos lo sustentan. Sobre todo, porque Catupecu Machu sacó un excelente disco doble el año pasado (Laberintos entre aristas y dialectos), llenó cuatro Gran Rex acompañado por un impensado trío de violín, chelo y viola, más flauta traversa y, además, no para de girar (con una última escala el viernes pasado en Cosquín antes de las vacaciones).

"Los mejores shows que viví con la banda fueron los del Gran Rex y, si me permitís que te diga, fueron los conciertos, que más compartí con Gabriel", dice Fernando Ruiz Díaz. Está hablando de su hermano, el bajista que se accidentó hace casi dos años y que, desde entonces, está en tratamiento: complicado pero con mejoras inesperadas y casi milagrosas (ver A dos años...).

Se refiere, en parte, a los arreglos de Gaby en los que se basaron los conciertos pero también a su presencia, desmaterializada pero omnipresente. "No me causa ninguna gracia el hecho de que Gaby no esté físicamente. Pero nosotros interpretamos lo que sucedió con él como si surgiera un nuevo músico: alguien que está ahí. Puede sonar poético, o puede sonar estúpido..."

Así la mirada de Fernando sobre los hechos (y los hechos mismos): tan lejos de la estupidez como cerca de la poesía. Como cuando murió su papá y se tatuó un símbolo en el brazo para recordarlo: "Fue una muerte lenta, el dolor que viví con mi viejo es algo en lo que todavía pienso, creo que esas cosas no las superás, sólo aprendés a vivir con ellas".

O igual que en la madrugada del accidente de su hermano, cuando se reunió con amigos a cantarle unos "mantras" para darle fuerza. Unas horas más tarde se tatuó, también en los brazos, los versos que había cantado.

La nota del cantante con Clarín cambia sucesivamente de escenario y gran parte se improvisa en el momento. Porque es un personaje atípico: espontáneo en exceso, cálido y charlatán (¡nunca alcanzan los cassettes!). Y, como gran contador de anécdotas, hay una imagen que se impone en analogía arbitraria: El Gran Pez (la maravillosa película de Tim Burton). Sobre todo, porque en su historia (y sus historias, las de Fernando) la magia se vuelve siempre una constante imprescindible...

"Desde que nací, mi vida es así, si no escuchara señales, no estaría tocando música: el momento más determinante de mi vida fue en Brasil. Había músicos y me prestaron la guitarra para tocar Magdalena. Se armó algo increíble: un brasileño que vendía collares, empezó a regalarlos a todos. Volví a encontrar al mismo tipo a la noche y me dijo: 'Dios le da a poca gente lo que vos tenés, cumplís una misión acá'. Y esa misión era tocar. Entonces, empezó la historia Catupecu, los primeros discos, las giras, los primeros éxitos y los últimos hallazgos, como Laberintos..."

¿Le hicieron escuchar el nuevo disco a Gabriel?

Cuando llegamos de Nueva York, llevamos un equipo de música al la clínica Fleni -donde estaba entonces- y le pusimos el disco. Estaba sentado en su silla de ruedas, un poco cansado porque era medio tarde. Cuando terminó, le preguntamos: 'Gaby, ¿te gustó?'. El levantó las dos manos y empezó a aplaudir. ¿Sabés lo que fue? Estábamos con Macabre, mi vieja, Fausto (el manáger de la banda)... Todos llorábamos.

En este álbum, la sensibilidad violenta de la banda toma una forma nueva, con arreglos mucho más cercanos a lo clásico que al rock. Se divide en dos capítulos: uno es "Tratado de la Materia en Estudio" y el otro se llama "Registro de la Materia en Concierto". El último, con conciertos acústicos registrados en vivo en el año 2005. El primero, con tres versiones y tres canciones nuevas del grupo, entre ellas, el notable corte llamado Viaje del miedo y su emblemática letra: "Te resucito en el sueño/ es lo que espero encontrar/ entro en el viaje del miedo/ abro la puerta al cerrar". "Cuando se planteó que salga como corte, muchos nos decían: '¿Pero no es muy fuerte esa letra?' Je: ¿y qué querés que componga: Give me, give me, give me love?".

¿Por qué la guitarra criolla?

Yo aprendí a tocar con la criolla y la dejé cuando empecé a tocar eléctrica, con Catupecu. Ahora me reencontré en este disco: me compré dos guitarras criollas. Compuse el bajo y la guitarra juntos. Después de hacerlo, me di cuenta de que tiene que ver con el tango. Yo no soy un gran escucha de tango, de hecho, lo odiaba de chico porque mi papá lo escuchaba todo el día en una radio AM.

¿Cuándo te reconciliaste con el tango?

Lo redescubrí de grande. En una gira Gaby me puso Mala suerte, del Varón del tango, Julio Sosa. Un tangazo. Cuando me lo hizo escuchar todos se empezaron a reír porque tenía que ver conmigo: era un momento tormentoso de mi vida, ja.

¿De qué manera te influyeron otros géneros como, por ejemplo, el folclore?

Yo nací en Santa Fe y, de chiquito, veía tocar a los folcloristas en todos los asados: no entendía cómo, después de comer tanto, se ponían a cantar. Yo no soy un recontra-escucha de Atahualpa Yupanqui pero -mirá qué grosso- algunos hasta me dijeron que Viaje del miedo tenía algo de él.

¿De dónde viene tu gusto por cuestiones como los planos, la simetría o los números, que se repiten en tus temas?

Antes de empezar con Catupecu estudié casi cuatro años de ingeniería eléctrica en la UTN. No terminé, pero me influyó muchísimo. ¿Viste que muchos dicen "Soy un músico frustrado"? Yo soy un ingeniero frustrado. Amaba la locura de la ingeniería.

Fan también de la arquitectura, todo cobra una particular coherencia cuando Fernando confiesa que ama un movimiento de diseño específico: el art decó, de los años '20, donde predominaban justamente, las figuras geométricas y la simetría. "Cuando estuve en el lobby del Chrysler de Nueva York casi me muero: me encanta". Tan to que buscó y, finalmente, se compró una casa en Villa Crespo de este estilo "aunque un poco más ornamental" aclara, y agrega que la está remodelando.

Tanto el día de la nota, como cuando se hacen las fotos, el destino nos cruza con el lugar del accidente. Entonces, es tan inmediato como inevitable y Fernando señala el árbol con el que chocó su hermano. "Lo odiaba, pero ahora ya no. La gente pinta ahí frases de aliento a Gabriel". El mismo destino, que, como dice Burton, tiene "sus maneras de acosarte y de agarrarte por sorpresa", también tiene un significado para Fernando. "Todo en Catupecu siempre fue lo que tuvo que ser. Quizás, incluso hasta lo de Gabriel tiene una explicación. Y lo digo con todo el dolor de mi alma, ¿eh? Porque, más allá de lo épico que tiene todo esto, a mí me gustaría más que mi hermano ya estuviera acá, a mi lado. Hablando en este momento con nosotros".

Si Fernando suele señalar desde siempre a Gabriel como su gran maestro, hoy día, por momentos, parece que los roles se invierten, en realidad. Aunque la historia sea la misma, tan gráfica como bella: "Vine de gira hace dos semanas y lo estaban operando. Cuando salió, lo vi vendado y acostado, eso fue como volver al primer día. Entonces, le propuse: 'Gaby, tenés que practicar la sonrisa, te acordás, ¿no? Con las comisuras para arriba'. Y, ¿sabés qué? El lo hizo, sonrió".

A dos años del terrible accidente
El accidente de Gabriel y César Andino (del grupo Cabezones) fue en Libertador y Sarmiento, hace casi dos años (el 31 de marzo, exactamente). Entonces, los pronósticos eran tajantes para el bajista: tenía "muy pocas posibilidades de sobrevivir". Sin embargo, el tiempo indicó lo contrario y Gaby consiguió resultados impensados, como salir del estado vegetativo y tener contacto con el entorno al punto de emitir agunas palabras. "Ahora le están haciendo un trabajo con la deglución porque venía muy bien, tomaba un vaso entero de jugo de melón y comía banana", cuenta Fernando. Hace dos semanas, volvieron a operarlo, esta vez en el Güemes, para cambiarle la válvula que tiene en el cerebro para drenar. La operación salió bien y Gabriel volvió a casa de su mamá Dominga, donde se está rehabilitando todos los días.

Fernando y la música, la pintura y el cine
"No soy un gran comprador de música: la música se me cruza", dice Fernando. "Me regalaron Mothership de Led Zeppelin para mi cumpleaños: me organizaron una fiesta sorpresa en Punta del Este, donde tocamos". Recomienda a Laurie Anderson ("escuchá Big Science"). Tiene otras aficiones: la pintura y el cine. "Dalí es mi religión", sentencia. Y recuerda cuando en 1999 fue a ver la exposición "Dalí Monumental" y vio la obra Cristo de Gala. "Me sacudió tanto que me puse a llorar". ¿Qué películas le gustan? El extraño mundo de Jack y Moulin Rouge. "Y eso que odio los musicales: ¡veo a Fred Astaire y quiero patear todo!"



Por: Silvina Marino
Fuente: Diario Clarín

Saludos!
Zurdo / ((cjay))

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He escuchado el resonar de las palabras de Fer en mi propia mente, de mis propias poesias, como si fueran eternas al dia de hoy. Reconozco en mi varios episodios de dolor y de amor, y eso me acerca a Catupecu, pero mas me acerca a Fer..si alguna vez crei que no me enamoraria sin conocer a alguien...rio y lloro en mi reves.

Anónimo dijo...

Mi primer recital + Villa Gesell + Pueblo Límite + Fernando Ruiz Diaz = AMOR A PRIMERA VISTA.

Flor