viernes, 30 de noviembre de 2007

“Laberintos entre aristas y dialectos” (Critica del disco por 10musica.com)



En el silencio, los gritos siempre se oyen más claros.

Requiere mucho equilibrio caminar por el fino borde que divide la oscuridad de la desolación sin desbarrancarse. Hace falta, también, tener muy desarrollado el sentido de la orientación para recorrer los senderos de la música acústica sin perderse entre sentimentalismos y debilidades. Catupecu Machu, fiel a su eterno dogma de lo antidogmático, logra una vez más ganarle la carrera a todo lo que se puede esperar de cualquiera menos de ellos con Laberintos…, un disco doble que se sabe engendrado en crisis, pero no deja de transmitir esperanza.

Mal predispuestos por unpluggeds de dudosa carga artística, quienes prefieren prejuzgar a escuchar podrían ver el álbum como un recurso fácil para achicar los tiempos de espera entre un disco de material nuevo y otro. Sin embargo, en una primera escucha se hace evidente que Catupecu se toma este trabajo como un cimbronazo, un desafío, una forma de sacudirse la inactividad gruñendo sus penas, no en el tsunami eléctrico de siempre, sino en un contexto minimalista. Como Kurt Cobain lo hizo en su momento, Fernando Ruiz Díaz –usualmente frontman, en este caso astro rey alrededor del cual gira todo hecho creativo del grupo– hace catarsis con el corazón en la garganta, cantando con las tripas mismas y dotando las canciones, las nuevas y las que ya habíamos escuchado, de una visceralidad conmovedora. El alma del disco es su alma.

Los instrumentos, en tanto, aportan una tensa calma que amplifica esa sensación contradictoria de potencia y fragilidad emotiva, acentuando los clamores de la voz y retirándose piadosamente cuando se impone el sosiego. Aun en pasajes sin batería, los temas se vuelven indudablemente percusivos y enfatizan los exabruptos contenidos en esas letras que saben declarar principios y contar historias reales desde la abstracción.

El que espere un disco manso y tranquilo, o dolido y quejumbroso, que espere otra cosa: Laberintos… suena clásico y a la vez rotundamente enérgico, como un Wagner con actitud rockera. Aliviar el dolor del espíritu con arte y, sobre todo, nunca flaquear: de eso estamos hablando.

Saludos!
((cjay)) / Zurdo

NOTA: Diego Mancusi
FUENTE: 10 MUSICA (27/11/2007)

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